Escribiendo el amor

Creo firmemente que las palabras pueden construir una historia de amor con más cimientos que los besos y las caricias.

Puedes encontrar en una palabra la sinceridad necesaria para confiar, no se trata de la habilidad de mentir o engañar sino de nuestra propia atención, de advertir sin dejarse llevar por las emociones o la honestidad, el temblor de la voz al denotar nerviosismo, de las palabras que no son nuevas en su lenguaje pero sí en el corazón.

Escuchamos a diario las mejores artimañas, las leemos y repensamos si tenemos la necesidad. Pero tan fácil será usar como una simple repetición como difícil expresarlas cuando el corazón está temblando.

Lee con atención las cartas de los viejos amores, la frase que te regalaron en un trozo de papel o en un obsequio. Percibe la caligrafía, el uso del lenguaje, cuando escuches en tu mente su voz temblorosa, la emoción en sus ojos y el tenue sudor en sus manos, sabrás que te amaba. Aunque hoy mismo apenas piense en ti. Las palabras guardan momentos, que pueden hablar, oler y sentirse como si fuesen eternos.

Un nuevo amor, una ilusión pasajera, tu pretexto para olvidar, puede provocarte la sonrisa más infantil que has tenido en las últimas semanas de tristeza. Puede llenar tu corazón de voluntad y música alegre. Porque eres capaz de notar que habla con dulzura, que te recuerda que los tragos amargos son sólo pasajeros.

El corazón roto volverá a tu día cuando recuerdes las frases que te encaramaban a su cuerpo desnudo, los chistes simples y las conversaciones cómplices, que sólo ustedes podrían haber comprendido en cualquier contexto.

En determinado momento te sentirás más acompañado con las dulces palabras que se han esforzado por escribirte en la sala de espera de tus días, que con una compañía que apenas diría nada.

Cuando el momento se precise real, escucharás la voz temblorosa, las líneas más simples pero más honestas, canturrearás en el interior, esperando que ese momento se almacene porque quizá no llegue más lejos.

Recordarás con más fuerza la lectura compartida de una novela o un cuento que una película. Vaya a bastar por el tiempo, por la extensión o el significado que representa cada una. Pero no hay nada como dos interpretaciones distintas de un escrito, desde dos cerebros que se aman.

Volverás a la persona que hablaba sin parar sobre un tema, como si la vida se le fuera en ello, como si no tuviese otro instante para decirlo todo y después de mirarte con ojos brillantes pudo haber dicho que te ama. Aunque ahora lleven meses sin cruzar palabra. Nunca te será suficiente la simpleza, el parloteo sin sentido o el vacío en una conversación cuando has tocado el cielo hablando de todo junto a sus pies desnudos.

Una conversación te hará enloquecer por esa persona, o te llevará a aburrir como ostra. Matarás por escucharle solo unos minutos o morirás por hacerlo. El amor se nutre desde el cerebro, desde las cosas que no logramos expresar pero que finalmente hacemos, a trompicones y pataleos que quizá se vuelvan memorables para el otro.

Los momentos estaban hechos de su voz y su mano. Estarán conformados por la siguiente escena, acotación y diálogo que brinde.

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Volverás una y otra vez a los amores que te hicieron escribir los mejores instantes, que te hicieron quebrarte el intelecto para decirle de un modo único te amo. Que te sorprendieron con casa frase incomprensible día a día, que te regalaron una hora de conversación acerca de un tema que ni siquiera considerabas desde ese punto de vista. Aquellos que te mostraron la complejidad de las ideas, de la vida y de cada paso que dieron juntos. Dejarás de pensar en ese silencio que te regaló el instante Perfecto, porque recordarás que escribió en tu memoria la escena con las palabras que sólo llegaron en aquel momento.

Entenderás algo del amor cuando se esfuerce en tantas líneas para describirte lo que es y significa tu sonrisa, lo que sintió y sucedió al conocerte. Comprenderás que no hace falta una promesa de su amor, porque existe desde su lenguaje hasta su escritura, desde sus memorias hasta los deseos más profundos, que apenas logra plasmar, para hacerte entender que estás en cada partícula de su ser.

El amor son las palabras que obtuvieron significado una vez que las pronunciaste o escribiste y te cortaron la respiración. Cuando las escuchaste o leíste y te recordaron lo que no sabías que estabas buscando.

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